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miércoles, 1 de agosto de 2012

Neurociencia de las emociones y de la afectividad (VSILM)

Este post está tomado del blog "Una Maternidad Diferente", un espacio personal y muy interesante que os invitamos a descubrir:


La primera intervención de Nils Bergman en el V Simposio Internacional de Lactancia Materna de La Liga de la Leche de Euskadi se tituló "neurociencia de las emociones y de la afectividad" y fue, desde mi punto de vista, otro de los momentos claves de un encuentro llenos de aportaciones intersantes. Bergman comenzó su ponencia recalcando que el ADN es la estructura encargada de la síntesis de proteínas y las proteínas son la base del cerebro, pero hay un factor adicional a tener en cuenta, que es el entorno: "el entorno hace que el ADN funcione y que el cerebro se adapte". Y el entorno natural del bebé es el cuerpo de la madre.
Con esta introducción, Bergman empezó a explicar los principios de la epigenética, una disciplina que estudia la influencia de distintos factores en la expresión del ADN. Es decir, que no todo está escrito en los genes, sino que el ambiente determina la forma en la que se expresa la información codificada en los cromosomas. Un ejemplo ilustrativo de esta influencia es que si cogemos a dos hermanos gemelos y los criamos en dos entornos completamente diferentes, parecerían diferentes.

Epigenética
La importancia de la epigenética en el ámbito de la crianza y la lactancia viene dada por factores como el estrés temprano, que altera la expresión genética y tiene un gran impacto en la salud durante toda la vida del individuo. En este sentido, Bergman citó las investigaciones de Michael Meany, psiquiatra, neurólogo y neurocirujano conocido por sus investigaciones en el campo del estrés, cuidado maternal y expresión de los genes. Citando a la wikipedia, su equipo de investigación "ha descubierto la importancia de los cuidados maternales a la hora de modificar la expresión de los genes que regulan las respuestas endocrinas y de comportamiento frente al estrés, así como al desarrollo sináptico del hipocampo".

Uno de los estudios de Michael Meany, que citó Bergman, constató que las cobayas (u otro roedor, ahora no recuerdo la especie concreta) que eran madres poco cariñosas tenían bebés más enfermizos y, a su vez, se convertían en madres poco cariñosas cuando llegaban a su edad fertil. En cambio, las madres cariñosas tenían bebés más sanos y se convertían en madres cariñosas. Hasta aquí todo tal y como lo esperaríamos. Pero el equipo de investigación descubrió que si cogían a un bebé de una madre poco cariñosa y se lo daban a cuidar a una madre cariñosa, este se convertía en un bebé sano y en una madre cariñosa cuando llegaba a la edad fertil. Por el contrario, los bebés de madres cariñosas, cuando eran cuidados por las cobayas poco cariñosas, se convertían en bebés enfermizos y en madres poco cariñosas.

Así pues, el destino no es inmutable cuando hablamos del ADN, sino que, con los mismos genes, la epigenética actúa cambiando la manera en la que se expresa el ADN para garantizar la adaptación al medio.

Neurociencia
Una vez establecida la importancia del habitat o el medio ambiente para la expresión de los genes, Bergman pasó a analizar los últimos avances en neurociencia y cómo han cambiado lo que hasta ahora se conocía sobre el desarrollo del cerebro. Así, el doctor sudafricano afirmó que "las células que se activan juntas, se enlazan juntas".

Pero en el desarrollo cerebral no todo es contar con los mejores ácidos grasos para construir el cerebro y las neuronas. A las 20 semanas, explicó, todas las partes del cerebro humano están en su lugar y, a partir de ese momento, el desarrollo no depende de la maduración sino de la estimulación de las conexiones entre las neuronas. El cerebro es un órgano sensorial y la activación repetida de grupos de neuronas al mismo tiempo, tiende a enlazarlas y a hacer que esa conexión sea más fuerte. Cuanto más fuerte es esa conexión, cuanto más a menudo se usa, más capacidad para transmitir y almacenar información.

Todo lo que un humano, desde el nacimiento e incluso antes, experimenta se almacena en el cortex cerebral y luego, durante la fase de sueño profundo, se transmite al hipocampo y a la amigdola, donde se forma la memoria. Solo después, la información vuelve al neocortex de manera organizada. Todo eso sucede durante el sueño, pero Bergman recalcó que es la CALIDAD del sueño la que permite que el ciclo funcione; calidad que también está muy relacionada con la segregación de la hormona del nacimiento. Pero, en contra de las doctrinas de Estivill y de supernannies varias, el sueño de CALIDAD, según Bergman y la mayoría de los investigadores en neurociencia, no se obtiene durmiendo según rutinas, sino que el sueño de CALIDAD es el que se realiza en el habitat natural del bebé... No me quiero adelantar en la argumentación, pero tampoco quiero que estas afirmaciones sobre el sueño den alas a los partidarios de métodos conductistas ;-)

¿Estoy seguro?
Esto es solo un 10% de nutrición y un 90% de estimulación
sensorial que contribuye a la autoregulación del bebé,
a proporcionarle un vínculo y apego seguro
y al desarrollo óptimo de su cerebro.
Bergman recordó que las sensaciones que el bebé experimenta en el útero están relacionadas con la presión, el tacto, el movimiento, los sonidos y el olor de la madre. Todo ello le proporciona un sentimiento de seguridad y bienestar, que activa la amigdala (emociones). Cuando el cerebro se desarrolla en un entorno seguro, se disparan las interaciones sociales y se forma un apego seguro. Así que la pregunta clave para todo este desarrollo cerebral es, en palabras de Bergman, "sorprendentemente simple" y se centra en la respuesta a la pregunta que se hace constantemente el cerebro: "¿Estoy seguro?".



Después del parto, cuando el bebé nace, está perfectamente consciente y alerta. Y su cerebro tiene dos necesidades sensoriales críticas: el olor y el contacto, que son las que le garantizan que está seguro. Así que, tal y como adelantábamos antes, el bebé solo duerme seguro y su cerebro se desarrolla en todo su potencial solo cuando siente la cercanía y el contacto de su madre.

Así pues, las primeras sensaciones del bebé en el mundo son emocionales y sociales. Si el bebé se siente seguro en contacto con su madre, desarrollará un vínculo emocional y una relación de apego seguro. En cambio, la ausencia de la madre es percibida con un peligro real para la supervivencia y cuando el bebé no se siente seguro (cuando está separado de su madre) la amígdala refuerza los circuitos de evasión del lóbulo frontal. Si este refuerzo continua por otras vías, el resultado es un apego inseguro.

Lactancia materna
En todo este proceso de apego y vínculo seguro, que garantiza un óptimo desarrollo del cerebro, la lactancia materna tiene un papel fundamental. Pero no, como decíamos antes, por los ácidos grasos óptimos para la construcción de los bloques del cerebro, sino porque el acto de amamantar es un 10% nutrición y un 90% estimulación: vista, olor, sensaciones, estímulos. Todo un cúmulo de reguladores maternos ocultos que controlan la fisiología del bebé, tal y como se ha demostrado en las investigaciones de Myron Hofer.

Sin embargo, cuando el bebé y su madre están separados, desaparecen estos reguladores y el bebé está perdido, su comportamiento no es fisiológico (normal) y, por eso, ofrece una respuesta de protesta-desesperación (llanto).

Neurociencia materna
Pero el contacto piel con piel, el correcto desarrollo del bebé en su habitat (un continuum con el cuerpo de su madre), no solo es necesario para el retoño, sino también para estimular el comportamiento maternal. En este aspecto, subrayó Bergman, no hay nada nuevo bajo el sol y citó un salmo de la Biblia que afirma "yo aprendía  a confiar en el pecho de mi madre".

Cuando el bebé succiona, estimula la areola y dispara la secrección de oxitocina. Esta hormona, a la vez, dispara el sentimiento de ferocidad y protección de la madre. El contacto piel con piel y el intercambio de miradas entre la madre y el bebé, hace que esta se vuelva "doblemente feroz" en la protección de su hijo. Es una madre sin miedo.

El estímulo del bebé dispara la secrección de tres importantes hormonas: oxitocina, prolactina y colecistoquina. La primer, como hemos visto, dispara el comportamiento de protección. La prolactina garantiza la producción de leche adecuada a las necesidades del bebé (nutrición) y la colecistoquina hace que la madre se sienta segura, regulada. Así, el bebé no está indefenso sino que viene "de serie" con los mecanismos que le garantizan que su madre le cuidará, le alimentará y se sentirá satisfecha y segura durante todo el proceso.

El bebé necesita a la madre, pero la madre necesita al bebé en la misma proporcion.

Lo que de verdad importa
Bergman concluyó que cada día es más importante mirar CÓMO nacemos, ya que es uno delos momentos más importantes. La separación del bebé de su madre es percibida como estrés, el estrés altera el ADN y por tanto el comportamiento y la salud a lo largo de toda la vida del individuo.

Al nacer, y después, la necesidad biológica del bebé es la madre.

Al nacer, y después, la necesidad biológica de la madre es el bebé.

Lo único que necesitan es permanecer juntos.


lunes, 25 de junio de 2012

Próximo taller el 4 de julio: "Es más fácil reconocerla que definirla"



Hola a tod@s

En la próxima reunión mensual del miércoles 4 de julio, que, os recordamos, se celebrará en el colegio "La Candelaria" de Zamora, entre las 18 y las 20h, realizaremos el Taller titulado:

 "Es más fácil reconocerla que definirla"
cuando nace un niño no tiene ego, es inocente... esto nos abre una puerta para enfrentar con amor y armonía esta manifestación emocional del enfado llamada rabieta
Mónica Ríos. Psicopedagoga

 un taller participativo con la psicopedagoga Mónica Ríos, en el que abordaremos el tema de las "comunmente denominadas rabietas", ¿como comunicarnos cuando no es fácil hacerlo? ¿como acompañar, comprender y respetar esos momentos de frustración en que parece que las palabras no sirven de nada?. Con Mónica exploraremos todos nuestros lenguajes y encontraremos en nosotros los recursos y la empatía para superar estas situaciones desde la escucha,el respeto y la integridad. Escuchar y aceptar la expresión de las emociones de nuestros hijos nos ayuda a comprenderlos y conocerlos mejor, y como regalo, también nos ayuda a conectar con nuestras propias emociones. Todo un camino en el que crecer juntos...

Os recordamos que las reuniones mensuales de Creciendo Juntos son ABIERTAS Y GRATUITAS y que puedes venir con tus hijos porque los niños siempre son bienvenidos.

Os esperamos!!!

jueves, 7 de junio de 2012

Desmontando a Estivill

Desde la asociación Creciendo Juntos claramente DESACONSEJAMOS el libro/método de Estivill y nunca nos cansaremos de repetir que la atención, la empatía, el cariño, la comprensión, el apego, el calor humano, la escucha.... son cosas que solamente pueden beneficiarnos y convertirnos a todos, padres e hijos, en mejores personas, seres humanos satisfechos, felices, confiados... 
Si te preocupa el tema del sueño, o tienes algún problema de sueño con tu bebé puedes conseguir información fiable en los libros:


"Dormir sin lágrimas" de Rosa Jové, psicóloga especializada en psicología clínica infantil y juvenil y psicopediatría.



"Bésame mucho" de Carlos Gonzáles, pediatra fundador de la Asociación Catalana Pro Lactancia Materna.









"El poder de las caricias" de Adolfo Gómez Papí, pediatra y miembro del Comité de Lactancia materna del la Asociación Española de Pediatría











La doctora Ibone olza, en su más que recomendable blog, aporta todas las razones que podamos necesitar para rechazar este tipo de "métodos para dormir niños/ metodo Estivill". El artículo que reproducimos a continuación está tomado de su blog

Desmontando a Estivill
Hará ya unos quince años que cayó en mis manos el primer y único texto de Estivill que  he leído. Era una versión resumida del famoso libro Duérmete niño que, como no era de extrañar, nos regalaba a los médicos un laboratorio farmacéutico. Incluía estos consejos para madres y padres de bebés:
“…lo lógico es que llore, grite, vomite, patalee, diga “sed”, “hambre”, “pupa”, “no te quiero”…lo que sea con tal de conseguir que os dobleguéis, pero ni os inmutéis…Y si os cuesta mucho, pensad que lo estáis haciendo por su salud y la de toda la familia…” “…lo más probable es que en ese momento esté llorando a moco tendido…ni caso. Seguid hablando como si nada…”.
A un niño vomitar no le cuesta mucho, y aunque se de golpes –cosa que en principio os puede alarmar y con razón- no llegará a hacerse daño y lo dejará correr tan pronto entienda que vosotros no le dais ninguna importancia” . “Debéis desaparecer de la habitación antes de que el niño se duerma. No tenéis que ayudarle a coger el sueño, acunándolo, acariciándolo o haciéndole fiestas”.
“Nunca dialogaréis con el niño ni haréis caso de sus protestas. Ahora sabéis que sólo está haciendo servir acciones para conseguir reacciones. De hecho, no le pasa nada. Por tanto, no os pongáis nerviosos ni desfallezcáis en ningún momento, ni tan solo cuando veis que el niño vomita o se da golpes”
Lo lógico de verdad habría sido que semejante texto fuera denunciado por los servicios de protección a la infancia. Nada más lejos de la realidad: por desgracia fue durante años uno de libros los más vendidos en nuestro país. Y para más INRI fue a su vez recetado por muchísimos médicos, especialmente pediatras. Yo, optimista incorregible, suelo pensar que el tiempo pone a cada uno en su sitio, y confié en que poco a poco, con los excelentes libros, charlas, y conferencias de excelentes como Carlos González, Jose María Paricio o Adolfo Gómez Papí, y psicólogas como Rosa Jové, los terribles y dañinos consejos de Estivill quedarían en el olvido. Me equivoqué. El tiempo está tardando demasiado en poner a este majadero en su sitio y yo voy a ver si puedo hacer algo para desmontar tanta mentira.

Tal vez sea más difícil de lo que parece. Con su pinta de majete Estivill consiguió embaucar incluso a mi admirado Juan José Millás, que le dedicó todo un reportaje en El País semanal. En una fotografía salía Estivill tocando la guitarra, lo que me pareció todo un símbolo: el clásico lobo con piel de inofensivo cordero

Como psiquiatra infantil y como madre el Duérmete niño me parecía una apología del maltrato infantil, y así lo he repetido numerosas veces. No digo yo que establecer ciertas rutinas no pueda ser beneficioso en ocasiones, pero la parte final de esa rutina que propone Estivill supone desatender el llanto de los bebés, dejándolos llorar solos en su cuna y habitación,  una barbaridad que se paga muy cara. En mi consulta he pasado años intentando arreglar los desaguisados y estropicios que el librito ha producido a tantísimos niños y niñas así como a sus  familias. Demasiadas veces deseé para mis adentros que Estivill no pudiera dormir, que escuchara durante noches el llanto de todos esos bebés a los que hizo llorar sin posibilidad de consuelo. Bebés que tal vez se sentían solos, o tal vez tenían otitis, o tal vez estaban siendo maltratados en la guardería, o tal vez…A saber la infinidad de razones por las que puede llorar un bebé en medio de la noche.
Me he sentido desolada al ver esas secuelas que Estivill insistentemente niega, y que a veces tienen la forma de trastornos de ansiedad de separación, depresiones infantiles, enuresis o graves trastornos de conducta en la adolescencia. Cuando se ha conseguido que una madre o un padre desatiendan el llanto de su bebé dejándole sólo en otra habitación, cuando ya se ha producido esa primera quiebra, la confianza en los demás, la bondad, la empatía del niño o niña se pueden ver mermadas de por vida.

Leo ahora una entrevista reciente a Estivill y compruebo nuevamente como su avaricia no parece de tener límites, al igual que su ignorancia y su osadía.  Sólo así se entiende que sea capaz de seguir afirmando semejantes falacias y encima mentir con desfachatez al decir que él “no opina, sólo dice lo que dice la ciencia”. Sus afirmaciones recientes no tienen desperdicio, empezando por el disparate este de que “actualmente, creo que la crisis ayudará a educar mejor a los niños porque no podremos darles todo“. Me parece ofensivo cuando vemos como se dispara la cantidad de niños y niñas que viven en situación de pobreza en nuestro país (ver La crisis se ceba con la infancia). Ilustra muy bien con que cinismo argumenta sus sandeces Estivill, que dicho sea de paso es ¿doctor?¿pediatra?¿neurofisiólogo? No he podido averiguarlo.  En cualquier caso no tiene ni pies ni cabeza que haga y publique cosas como esta donde cuenta que trató a 9 adultos insomnes con olanzapina Eso se llama matar moscas a cañonazos. La olanzapina es un potente antipsicótico con muchos efectos adversos, buen fármaco para las fases maníacas o los brotes psicóticos, pero de ahí a usarlo como hipnótico… Qué miedo. Y si es pediatra, ¿qué hace tratando adultos insomnes? ¿O estudiando a ancianos con cáncer de próstata? Y si no lo es ¿porqué publica un libro titulado Pediatría con sentido común? Dime de que presumes y te diré de qué careces…
Pero vayamos con la ciencia que tanto le gusta a este hombre:
Duérmete niño es algo científico, funciona. Yo no soy un gurú ni un predicador. Mi único mérito ha sido poner en palabras muy fáciles los conocimientos científicos sobre el sueño”…”esta línea científica es la misma que recomienda la Sociedad Americana de Pediatría, la Academia Americana de Trastornos del Sueño…, es decir, son normas mundiales respaldadas por todo el estamento científico actual” “Internet se ha encargado de recoger las opiniones divergentes, sin embargo, nunca las encontraremos en el mundo científico”
Está demostrado que los niños que no duermen bien tienen más problemas de conducta, los que duermen con sus padres tienen más dependencia, los que hacen colecho tienen más riesgo de sufrir problemas de autoestima. Y todo esto está demostrado y publicado. No hay ningún niño traumatizado por pasarse los primeros días de guardería todo el rato llorando”
Para empezar la Academia Americana de Pediatría recomienda dormir en la misma habitación que el bebé  (se puede leer aquí). Desaconsejan compartir la cama, pero aclaran que esto lo señalan sobre todo para madres y padres fumadores, que consumen alcohol o que duermen en camas de agua, costumbre afortunadamente no extendida en nuestro país. Eso sí es sentido común.  Para seguir, esto que dice de que las opiniones contrarias no las encontramos en el mundo científico es absolutamente falso. Lo que no encontramos a día de hoy es ni un sólo experto en neurociencia que recomiende dejar llorar solo a un bebé. ¿Dónde hará Estivill sus búsquedas científicas?

Mi hobby particular es la neurobiología del apego. Y en este campo, fascinante, ha habido unos avances inmensos en la última década.

Me gustaría que Estivill leyera a fondo de verdad los trabajos de algunos de ellos. Por ejemplo las investigaciones de Allan Schore, neuropsicólogo de la prestigiosa UCLA (Universidad de Los Angeles, California) y verdadera eminencia mundial. Está especializado en comprender como el apego y el estrés afectan al desarrollo cerebral, y está demostrando como el cuidado emocional que recibimos en los dos primeros años de nuestra vida marca el resto de nuestra existencia, incluso define la morfología de nuestro cerebro. Schore explica en sus brillantes artículos científicos fenomenalmente porque sucede eso que Estivill mencionaba de que después de mucho llorar el bebé suele terminar vomitando. En este enlace, al final de la página 15 comienza la descripción del “frenético terror” que supone para un bebé llorar sin recibir consuelo, los cambios bioquímicos que acontecen en su cerebro, y como la huella de ese estrés si se va repitiendo marcará a esa persona de por vida. Ha explicado como el cerebro del bebé se construye en esa relación íntima con la madre y el padre, y cómo de importante es el consuelo. Schore además ha investigado procesos similares en otros mamíferos como los elefantes: también a ellos la ruptura temprana del vínculo les deja unas secuelas gravísimas.  Ojala alguien tradujera sus trabajos al castellano. Todo este esfuerzo le ha llevado a ganar reconocimiento mundial, que aprovecha para alertar de los riesgos que pueden conllevar las guarderías antes de los tres años o divulgar cómo la ciencia está re-descubriendo la sabiduría maternal ancestral.

Otra investigadora imprescindible es Ruth Feldman, neuropsicóloga israelita que investiga sobre los aspectos neurohormonales de la sincronía que se produce entre madres y bebés y también con los padres. Es otra de las que recomienda, basándose en sus trabajos, lactancia materna, contacto corporal estrecho y una atención inmediata al llanto de los bebés, hasta bien pasado el primer año de vida.
La respuesta de las madres al llanto del bebé de hecho se toma como el marcador más importante en neurobiología del apego, la prueba de que la madre es sensible y cuidará eficazmente a su cría. Ya hay muchos grupos viendo en vivo y en directo que áreas del cerebro de madres y padres se activan con el llanto del bebé, activación que produce la conducta inmediata de coger al bebé y consolarlo. James Swain, psiquiatra infantil en Yale, lo ha investigado a fondo y recogido en este magnífico trabajo.

Lo que hace Estivill aprovechándose de su autoridad como médico para pedir a los padres y madres que no sigan la llamada de su corazón ni de su cerebro es muy grave. Tira por tierra toda la evidencia científica, miente como un bellaco y anima a madres y padres a volver la espalda a sus bebés. Por si alguien aún dudaba termina acusando a las madres que le critican de enfermas:
“Es más, existen investigaciones muy serias sobre las mamás que están en contra de estas ideas y la mayoría presentan una psicopatología en su forma de ser”
¿A qué se refiere? ¿No estará hablando de su chapucero estudio comparando a 9 madres barcelonesas con 37 madres de Sao Paulo que se quejaban de que sus bebés no dormían y que en un simple cuestionario daban puntuaciones sugerentes de depresión? No hay más que leer su estudio para comprender que eso no es ciencia: compara dos muestras nada representativas y saca conclusiones de Perogrullo como que las madres de bebés “con insomnio” dormían mal. Menuda bazofia.
Por favor señor Estivill: ¡basta ya!

(puedes consultar el artículo original  en el blog de Ibone Olza)