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miércoles, 5 de octubre de 2011

Adolfo Gómez Papí en Zamora

Adolfo Gómez Papí sostiene en brazos y observa las reacciones de un niño recién nacido. <br />
El Dr. Adolfo Gómez Papí presentó en Zamora su conferencia "La importancia de la primera hora" en el Hospital Virgen de la Concha dentro del programa de actos de la SMLM 2011. Esta conferencia ha sido promovida por el Grupo de Apoyo a la Lactancia Materna "Apego Lácteo" de Zamora. Y ésta es la entrevista que apareció en el periódico La Opinión

"Perdimos la cultura de la lactancia; ahora la recuperamos"
"Empezamos a recorrer el camino del parto natural"

CARLOS GIL Adolfo Gómez Papí es un defensor de la lactancia natural y favorable a la humanización del parto. Es autor de obras como «El poder de las caricias» y el próximo martes, (13.00 horas, hospital «Virgen de la Concha»), ofrece una conferencia en Zamora sobre «La importancia de la primera hora», dentro de los actos de la Semana de la Lactancia.


-La primera hora tras el nacimiento de los bebés, ¿es tan importante?

-En vez de separarlos, bañarlos, secarlos y perfumarlos, hay que colocarlos encima de su madre piel con piel. Porque esto tiene muchísimos beneficios tanto para el bebé como para su madre, es fundamental.

-¿Qué beneficios tiene?

-Tiene varios ya demostrados. El primero, que se establece el vínculo madre-hijo. La madre cuando le colocas el bebé sobre la piel, además todos se mueven de una manera muy peculiar, tiene un pico de oxitocina y se queda absolutamente prendada de su hijo. Todos los bebés se mueven de la misma manera, van directos al pecho y se agarran de forma perfecta; tardan un rato, bastante, pero cuando se agarran lo hacen con la boca tan abierta y tan bien que luego les es más fácil hacerlo. Tiene beneficios enormes en el éxito de la lactancia a medio y largo plazo y encima van a recuperar muchísimo antes la temperatura y se adaptan mejor a la vida fuera del vientre materno. Para la madre también ver a su hijo o su hija encima después del trabajo del parto le supone una satisfacción tremenda, se establece el vínculo de enamorarse perdidamente del fruto de sus entrañas. Todos los bebés, curiosamente, levantan la cabeza y miran a su madre y lo hacen con los ojos muy abiertos.

-¿Se tiende ya a buscar un parto cada vez más natural en los hospitales?

-Estamos empezando a recorrer este camino en muchos hospitales de España, y en Europa se han dado más pasos. La idea es que los partos que puedan sean lo más naturales posible y aquellos que necesiten intervención, que siempre hay un porcentaje, que la tengan. Pero son muchísimos más los que pueden evolucionar de forma natural sin que nadie intervenga.

-¿Partidario de la anestesia epidural?

-La epidural es un instrumento más que se puede utilizar. No soy obstetra y quizá mis compañeros obstetras no estén de acuerdo con lo que voy a decir, pero he leído muchos trabajos sobre partos naturales y me da la sensación, y además he visto, que cuando las cosas se dejan llevar de forma natural, si a la madre se la deja tranquila con la persona que tiene que estar en una habitación agradable, si se le deja moverse como ella quiere, caminar si necesita y en el momento de expulsar al bebé se le deja escoger la posición que quiere, es mucho más probable que no necesite la epidural. Porque ella fabrica unas hormonas que son parecidas a la morfina que la dejan un poco «colocada» y le facilitan que aguante todo ese periodo y se lo hacen más fácil de soportar. Pero si tu intervienes, hablas con ella, le pones monitores, le haces tactos rectales, le vas interrumpiendo, la mujer no logra ese estado que tiene que tener, esa «colocación» por decirlo de alguna manera y entonces va a necesitar el apoyo para el dolor. No se puede decir no a la epidural, pero si se hace de forma natural es mucho menos frecuente que la mujer necesite la epidural.

-Tenemos al niño, acaba de nacer, y llega la lactancia. Aquí hay unanimidad a favor de la natural.

-Yo creo que nunca nadie ha dudado que la lactancia materna es lo mejor para el bebé o de que un niño con quien mejor está es con sus padres. Lo que ha ocurrido es que se ha perdido lo que se llamaba la cultura de la lactancia materna, que se pasaba de madres a hijas durante generaciones. Eso se rompió a finales del siglo pasado, con la incorporación de la mujer al trabajo, la sociedad científica que se pensaba que había conseguido una leche casi mejor que la de la mujer, entonces se metió el biberón y se perdió esa transmisión. Hay muchas abuelas que apenas han dado el pecho. Lo que ahora se ha conseguido es volver a esa cultura de la lactancia, tanto por parte de la sociedad como de los profesionales sanitarios, que también ha habíamos perdido. Ahora sabemos más, sabemos cómo ayudar a esas personas que quieren dar el pecho, cómo superar las dificultades. Todas esas circunstancias han conseguido que haya muchas más madres que empiecen a dar el pecho y que sigan dándolo durante más tiempo. Es importante el apoyo porque la madre está insegura en el cuidado de su hijo, y si se le empieza que tiene poca leche o es de mala calidad, recurrirá al biberón. Por eso es importante que la sociedad y todo el personal sanitario sepa dar apoyo a la madre que quiera dar el pecho.

-Lo que choca más es otra idea: dar el pecho a demanda y durante el tiempo que quiera el niño. Parece que un niño ya de dos años es algo mayorcito.

-Tiene que ser a demanda porque los bebés no regulan. En el momento que tienen hambre es cuando tienen que comer y así se quedan mucho más tranquilos. Y poco a poco van cogiendo cierto rigor. Nos choca, como dice, ver a un niño de dos años tomando el pecho. Pero nos choca ahora, porque yo recuerdo perfectamente en la vaquería donde íbamos a comprar la leche, que su hijo de cuatro o cinco años iba hacia ella y mamaba. Eso era algo habitual.

-¿Qué tiempo es el conveniente?

-Seguramente de forma natural un niño tiene que mamar durante dos o más años. Los estudios antropológicos indican que entre los tres y los seis años sería lo normal. Pero claro, a esas edades, la lactancia no lo es todo, toman otro tipo de alimentación, además del pecho que sigue siendo un alimento pero no es el fundamental.

-El gusto por lo natural ha hecho aparecer también grupos de padres contrarios a las vacunas. ¿Qué le parece?

-Quiero comprender ese tipo de actitudes porque quizá hemos llegado a un punto en que parece que se tenga uno que vacunar contra todo. Cuando mis hijos eran pequeños se vacunaban de la mitad de cosas que ahora. Claro, eso a la gente le hace dudar. Pero eso no significa que las vacunas no sean efectivas. Todas las vacunas oficialmente recomendadas son muy efectivas. También creo que si todos los niños tomaran pecho seguramente no serían necesarias todas las vacunas. Por ejemplo, la del rotavirus, que da diarreas en los lactantes, pero es raro o son mucho más leves en los que toman el pecho. Vacunas si, pero debería invertirse el mismo dinero o más en lactancia natural, porque se conseguiría mucha mayor salud.

-Uno de sus libros, «El poder de las caricias». ¿Nos hemos pasado en eso de no mimar a los niños?

-En el libro pretendo explicar qué te vas a encontrar cuando eres padre o madre y tienes un bebé. Los cachorros humanos tienen una serie de necesidades y seguramente la más básica es sentirse protegidos y queridos por sus padres. Ellos no van a pensar hasta que no tengan una cierta edad, entonces solo se van a sentir protegidos y queridos estando en contacto con ellos. Todo lo que no sea estar en contacto con ellos les supone un estrés. No es de extrañar que en las zonas rurales de la mitad del mundo, de Asia, de África, de Latinoamérica o de Indonesia, los bebés sean llevados en pañuelo durante todo el día durante los seis primeros meses y luego frecuentemente hasta que tienen cierta edad. Y se ha visto que son bebés que no lloran nunca, más que cuando están enfermos. A diferencia de los nuestros, que cuando lloran lo que están manifestando es ese estrés que yo decía, están manifestando que no están siendo protegidos todo el día. Las caricias y el contacto aquí se han perdido. Nos han hecho creer que lo importante es no cogerlos en brazos para que no se malcríen, ponerles unas pautas y unos ritmos, porque si no...Eso son técnicas conductistas que en muchos casos tienen consecuencias. Y es ignorar las necesidades de los bebés.

-¿Muchas veces hacemos eso también por fiarnos menos de nuestro instinto y más de los expertos?

-Yo no conozco ninguna madre que oiga llorar a un niño y se quede tranquila, a menos que padezca alguna enfermedad grave, todas la cogerían en brazos, y es lógico. Y a lo que se lo insinúas ya lo están haciendo, porque es lo que querían oír. Es verdad, hemos seguido las indicaciones de supuestos expertos, basados en un tipo de educación rígida. La película «La cinta blanca» habla de la educación en la Alemania pre nazi y explica por qué los alemanes siguieron las instrucciones de Hitler con tanta obediencia. No es tan exagerado lo que nosotros hacemos, pero se basa en eso, en la obediencia pura y dura, lo haces porque lo digo yo, tienes que acostumbrarte a dormir solo...Y ahora se ha visto que esos niños que establecen esa relación con sus padres no tienen un apego seguro, son más inseguros, siempre tienen miedo y tienen tendencia el día de mañana a tener trastornos psicológicos, es más frecuente la neurosis en ellos, o el uso de ansiolíticos. Sin embargo los bebés que están con sus padres continuamente y reciben de ellos las atenciones que he explicado al principio son muy dependientes, pero luego de repente son mucho más independientes que los otros a los que hemos obligado a estar solos. El niño tiene que ser independiente cuando le toca serlo, no antes. Los cachorros de los simios están enganchados a sus madres día y noche, de tres a siete años. Y a ellos les dejas en el suelo y se agarran a su madre, a los nuestros los dejas en el suelo y se quedan ahí.

-¿Y cómo compaginar ese cuidado cercano con la vida normal, o cuando toca irse a trabajar?

-Efectivamente, es difícil. Yo me imagino que lo que tiene que haber es un cambio de mentalidad total. Claro que la incorporación de la mujer al trabajo ha sido muy importante. Las mujeres africanas o latinoamericanas trabajan mucho más que sus maridos: cultivan el campo, se dedican a la casa, a los animales, y todo lo hacen con los bebés atados en pañuelos. Seguramente si yo propusiera eso, dirían «este hombre está loco». No lo sé, pero seguramente tengamos que descubrir la forma de trabajar si despegarnos de nuestros hijos. Hay un ambiente para los niños, otro para los adultos y otro para los ancianos. En las sociedades menos civilizadas no existen diferencias de ambientes: los ancianos están con los jóvenes y los adultos, y los niños también. Eso es lo que tendríamos que conseguir. De hecho ya hay empresas como Google donde hay niños con sus padres trabajando en la empresa. No es tan raro lo que yo estoy diciendo. Lo que pasa es que se ve novedosa cuando es algo que se ha hecho ancestralmente durante muchísimos siglos.

-Quizá se podría implantar horarios más flexibles.

-Quizá. Desde luego hay que poner imaginación, porque ahora mismo tal y como están montadas las cosas, es difícil compaginar el cuidado de los hijos. Aún así, lo que es recomendable es que cuando se esté con los críos se esté de esta manera.

-¿Se siente a gusto aconsejando a los padres?

-Nadie tiene que decir a los padres lo que tienen que hacer. Les tienen que dar información. Es lo que intento.

Barcelona, 1957
Su padre era de Villalba de la Lampreana, donde tiene familia, aunque él nació en Barcelona. Está casado y es padre de tres hijos. Especialista en pediatría, trabaja en este servicio del Hospital Joan XXIII de Tarragona. Coordinador de la Comisión de Lactancia Materna del hospital, que trata de hacer pionero en la práctica del Método de la Madre Canguro. Desde 2002 es miembro del Comité de Lactancia Materna y desde 2008, del Grupo para la Humanización de la Asistencia al Nacimiento y la Lactancia.

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