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sábado, 3 de diciembre de 2011

cuando papá y mamá no están de acuerdo en la crianza



entrevista al psicólogo Ramón Soler de Mente Libre
tomada del blog Nace una mamá

Hace tiempo que recibo consultas de lectoras que quieren criar a sus hijos con apego, pero se encuentran con la falta de comprensión de sus parejas, que se inclinan hacia un tipo de crianza más tradicional. El problema es tan común que desde hace tiempo he querido abordarlo, pero no se me ocurría cómo. Por eso decidí entrevistar de nuevo al psicólogo Ramón Soler Romero, que en otra ocasión nos habló de las rabietas y cómo manejarlas. Ramón es especialista en psicología infantil y perinatal y también en autismo e hipnosis clínica, además de experto en Terapia Regresiva Reconstructiva. Junto con su compañera la escritora Elena Mayorga, escribe y dirige la conocida revista Mente Libre. Nadie mejor que Ramón para analizar la raíz de este problema y sus posibles soluciones.

¿Qué cambios supone para una pareja la llegada de un bebé?

Tener un hijo es una experiencia única y enriquecedora en todos los sentidos, pero lo que pocas veces se nos dice es que supone un cambio radical en nuestras vidas y que requiere un profundo trabajo de desprendimiento de nuestro ego. Aunque la llegada de un bebé influye de manera muy diferente en cada pareja, considero necesario explicar brevemente el proceso que he presenciado muchas veces cuando esto ha supuesto un conflicto de pareja.

En la mujer, esa liberación del ego tiene lugar en el enamoramiento que vive tras un parto natural, sin intervenciones, gracias a la inundación de hormonas del amor (como diría Michel Odent). Posteriormente, la lactancia materna ayuda a consolidar la conexión con el bebé y fortalece ese amor que va más allá de lo racional. También es cierto que un parto complicado se puede compensar con lactancia, colecho, apego, etc. Los hombres no vivimos la experiencia del parto y no tenemos ese enamoramiento animal que vive la mujer, pero esto no significa que no queramos a nuestros hijos. Nosotros podemos enamorarnos del bebé compartiendo los momentos especiales de esos primeros días, llevándolo en brazos cuando la madre lo
precise, colechando, prodigando mimos y abrazos, etc. pero este proceso requiere una presencia y atención que no todos los padres están dispuestos a prestar. A la madre le resulta más fluido que al padre ese proceso de desprendimiento del propio ego para poder atender plenamente a las necesidades del bebé . Por eso, cuando hay diferencias de criterio en la educación de los hijos, suele ser la madre la que siente necesaria una crianza respetuosa y apegada, mientras que es el padre quien quiere imponer las reglas y los castigos.

Suele ser habitual que, si no se ha hecho una limpieza emocional, que madres y padres sigamos muy afectados por nuestra parte de niño/a que no obtuvo el cariño y la atención que necesitaba en la infancia. Mientras la pareja está sola, no suele haber problemas porque nuestro “niño interior” que continúa necesitando y reclamando atención está satisfecho con la exclusiva relación con la otra persona.

El problema puede aparecer en los padres cuando el bebé reclama toda la atención de la madre y ellos sienten el mismo abandono emocional y el desamparo que sintieron cuando eran pequeños. Si, siendo adultos, no han podido trabajar su historia para ayudar a su “niño” a cubrir ese tremendo vacío que sintió en su infancia, el padre reclamará la misma atención que tenía antes de la llegada del bebé. Su comportamiento puede infantilizarse e, incluso, volverse agresivo.

Por otro lado, la madre tiene al bebé que le reclama toda su atención y es entonces cuando surge el conflicto. Ella no puede hacerse cargo, a la vez, de su bebé y, además, de la parte infantil no trabajada de su pareja. Esta situación puede suponer, incluso, la ruptura de la pareja.

Ahora entiendo por qué recibo muchas consultas de lectoras que están a favor de una crianza respetuosa y amorosa, pero sus parejas se inclinan hacia los métodos conductistas, los castigos y la “disciplina”. Entonces, ¿cómo pueden ellas manejar esta situación? Sabemos que la evidencia científica apoya la importancia del apego, pero no todo el mundo está dispuesto a leer e informarse…

En la pareja, cuando hay diferencias de criterio, es habitual que sea la madre, inmersa en las ambivalencias del puerperio, la que ceda a las presiones de su pareja. Ella, acorralada por el cansancio y las presiones exteriores, dejará de hacer caso a su intuición y, al final, terminará imponiéndose la crianza autoritaria. La madre renuncia a su instinto y terminan las discusiones. Al final, en apariencia, se salva el matrimonio, pero las consecuencias serán nefastas para ellos y para sus hijos.

Lo que pueden hacer las madres es conectar con su instinto, él les dirá lo que es bueno para su bebé. Deben confiar en sus intuiciones y mantenerse firmes frente a todos los comentarios en contra que recibirán. Toda la información actualizada que encuentren sobre la importancia del contacto físico, el colecho y la lactancia materna confirmará sus ideas. Deben buscar la manera de implicar a sus parejas en la tarea de la crianza de sus hijos. Si ellos no han leído los autores básicos que comentaba anteriormente, éste puede ser un buen momento.
Un padre interesado de verdad por el bienestar de sus hijos y por su salud emocional debería aprovechar las situaciones que le alteran (rabietas, llantos, etc.) para cuestionarse sobre su propia infancia. ¿Por qué le altera esa actitud de su hijo/a? ¿qué le hace sentir? ¿cómo le trataban sus padres en situaciones parecidas? ¿de qué le sirvieron los golpes y los castigos? Si hace esto con total sinceridad, le resultará mucho más fácil ponerse en el lugar de su hijo y saber lo que siente cuando le castiga o le pega.

Aunque el padre no pueda alcanzar el nivel de profundidad y de contacto con su inconsciente que consigue la madre en el puerperio, gracias a la lactancia materna, sí que puede darse cuenta de muchos de sus patrones automatizados desde la infancia para poder cambiarlos, por su bienestar emocional y el de sus hijos.

Es importante que el padre se implique en el cuidado y la educación de sus hijos. Debemos dejar atrás el viejo modelo de generaciones anteriores donde el padre llegaba a casa después de un día de trabajo, se tumbaba en su sillón e imponía los castigos según el reporte que le pasaba la madre. Las parejas más sanas y con hijos más equilibrados que he conocido han sido aquéllas en las que el padre y la madre seguían una misma filosofía de crianza, basada en el respeto y la atención a las necesidades de sus hijos. Por eso considero tan importante el trabajo de honestidad y sinceridad con uno mismo que supone mirar de frente a nuestra propia historia para poder romper de una vez la cadena de maltrato que se transmite de generación en generación.

Entonces, ¿qué ocurre cuando ambos padres tienen criterios distintos en relación con la crianza? ¿Cuáles son las consecuencias en la pareja y en el niño?

Para la pareja, esta discrepancia es, siempre, motivo de conflicto. Debemos entender que el bebé no tiene ninguna culpa de toda la situación que estoy comentando. La llegada de un hijo, lo que fomenta es que se pongan encima de la mesa cuestiones que la pareja no se había planteado anteriormente. De cómo lo afronte cada uno de los miembros dependerá que la pareja se refuerce y tenga una relación mucho más auténtica que antes o que no pueda superar sus problemas y termine por separarse.

Sobre las consecuencias para el niño, aunque cada familia es diferente, sí que puedo aventurar unas líneas generales de lo desestabilizador que resulta para los niños vivir con unos padres que tienen distintos modelos de crianza.

Por mucho que los padres lo intenten disimular, los niños perciben esas discrepancias entre ellos. Además, si estas diferencias son motivo de discusión, el niño se sentirá culpable e intentará adaptarse a las situaciones para contentarlos y que no se peleen.

Al final, el más perjudicado por toda esta situación es el niño, que no tiene ni voz ni voto y que termina sufriendo las consecuencias de los desacuerdos entre sus padres.

A menudo he oído decir que las parejas deberían ponerse de acuerdo sobre la crianza de los hijos antes de ser padres, pero en mi caso, no fue hasta que tuve a mi bebé que me di cuenta del tipo de madre que quería ser. Yo pensaba que lo más natural era que los bebés fueran a la guardería, que seguiría trabajando con el mismo ritmo y que mi vida no cambiaría demasiado. Entonces, ¿cómo podemos prepararnos para afrontar la crianza en pareja y las posibles diferencias que puedan surgir?


Efectivamente, antes de tener un hijo, la pareja debería plantearse unas cuestiones que considero muy importantes. Es desalentador ver cómo mucha gente le dedica más tiempo a investigar e informarse a la hora de ir a comprar un coche que prepararse para los cambios que causa la llegada de un bebé. Parece que, simplemente, hay que dejarse llevar y hacerle caso a los consejos que te den familiares y médicos. Y, sin embargo, afrontar la maternidad/paternidad sin haber hecho una profunda preparación previa es lo peor que podemos hacer por nuestros hijos.

Una cuestión que será determinante en el grado de conflicto que pueda aparecer posteriormente es la cohesión previa de la pareja y su estabilidad como tal. No será lo mismo una pareja que se ha conocido varios meses atrás y en los que se produce un embarazo por un fallo de las precauciones, que una pareja con diez años de sólida convivencia que decide conscientemente tener un hijo.

Otro aspecto determinante, muy relacionado con el anterior, es la motivación que tenga la pareja para tener un hijo. Una pareja estará más preparada para criar a su hijo con respeto y cariño si éste ha sido fruto de un deseo interno y propio de cada uno de los padres. Por otro lado, si las motivaciones han sido más superficiales, el interés por la crianza del niño estará en un segundo plano. Conozco a muchas parejas que tienen hijos por la presión social de que todos sus amigos ya los tienen o, como llegué a escuchar una vez, para compensar a sus padres por haberles pagado la boda.

Entonces, y volviendo a la pregunta, una correcta preparación para la crianza requiere un trabajo previo de maduración como pareja. Es básico el conocimiento mutuo, una comunicación abierta y sincera, y una estabilidad emocional antes de tener un hijo. Unido a esto, cuando la pareja se sienta preparada para tener un bebé, yo diría que es casi obligatorio, para ambos miembros de la pareja, leer a unos autores básicos sobre el tema de la crianza como Carlos González, Rosa Jové o Laura Gutman. Si a pesar de esto, algunos padres siguen convencidos del tipo de crianza restrictiva y autoritaria, les aconsejaría (aunque debería ser obligatorio) leer los libros de Alice Miller, empezando por ejemplo por “El drama del niño dotado” y continuando con “Por tu propio bien”; en ellos, Miller explica claramente el dramático efecto de una crianza basada en los castigos y en la disciplina dura.

En muchos casos, en este proceso de preparación consciente para tener un hijo, surgirán muchas dudas sobre la propia crianza que recibimos de nuestros padres e, incluso, sería muy recomendable embarcarse en un proceso terapéutico que ayude a entender y sanar los daños emocionales que todos hemos recibido (en mayor o menor grado) en nuestra infancia.

Como resumen, teniendo en cuenta todo lo anterior, se puede decir que la crianza de los hijos empieza mucho antes del embarazo.

¿Podemos utilizar esta diferencia de criterios como una oportunidad para que la pareja se re-encuentre y crezca?

El nacimiento del bebé, más que un distanciamiento, debe suponer una oportunidad de apertura y de acercamiento para la pareja. Es la ocasión de poner encima de la mesa los conflictos y las situaciones que no se habían trabajado antes. En muchas ocasiones, las parejas van sobrellevando la convivencia, pero no profundizan en las cuestiones incómodas que se les presentan. La llegada del bebé está llena de situaciones límite (noches en vela, cansancio, etc.) que pondrán a prueba la cohesión de la pareja; de cómo afronten estas situaciones dependerá que se separen o que la relación se vea más reforzada.

Si la pareja, tanto él como ella, sigue el proceso que he ido comentando anteriormente, podrán salir reforzados y disfrutarán plenamente de la experiencia de la maternidad/paternidad. Es un camino que ha de hacer cada uno consigo mismo, pero con el apoyo del otro. Para adentrarse en esta travesía es necesaria una actitud de apertura y disponibilidad para cuestionarse a uno mismo y poder cambiar aquellas reacciones nuestras que no nos gustan.

Soy consciente de que este trabajo no es fácil y de que muchas veces resulta más cómodo dejarse llevar, sin cuestionarse nada de la educación que recibimos en nuestra infancia, pero creo que es una obligación moral de cada padre/madre para con sus hijos. De esta manera podremos romper con la cadena de maltratos, abusos y castigos que arrastramos desde tiempos inmemoriales. Los beneficiados seremos nosotros, nuestra pareja y, evidentemente, nuestros hijos.

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